Serendipia inmarcersible, inefable por limerencia…



Arreciaba lluvia en la ciudad
y caminaba sobre el petricor terreno,
sin destino hacia ningún lugar.
Un mensaje. ¿Unas cervezas?




Nunca se dice que no
a la rubia gallega entre buenos amigos.
Y menos si hay fútbol y bocatas
entre medias.

Local lúgubre,
música cojonuda.

Y como siempre pasa con las cosas buenas,
lo inefable, algo choca contra ti, maldito nefelibata.

No tienes remedio chico.
Una sonrisa acendrada, una mirada iridiscente
y el melifluo sonido de su voz atropella tus sentidos.

Y allí estaba
con una ataraxia al corazón,
experto en resiliencia,
impávido e impasible
como quien mira el arrebol de un atardecer de verano.




La limerencia se había apoderado de mi,
adiós elocuencia, hola incandescencia.

Has vuelto a caer, maldito veleta enamoradizo.
Creo que mi yo sereno
me estaría pegando patadas en el saco de las mariposas,
pero el niño inmarcesible que habita en mi,
veía lo etéreo en aquel ser.

Márchate, no mires atrás,
deja de pensar ya que te estás metiendo en un oscuro callejón
y hay una señal bien grande de "Sin Salida".
Recapacita chico, relájate, baja marchas,
tómate otra cerveza y lo verás todo desde otro punto del prisma,
-le dice el cerebro al corazón-.

Cállate, déjame soñar con lo sempiterno,
ese momento efímero podría ser mi serendipia.
Curioso, hallazgo afortunado e inesperado sin buscarlo,
-contesta el músculo del amor-.

El frío y la rubia espumosa juegan a favor del cerebro cabrón,
pero el desenlace iba a jugar a favor del valiente corazón.




Una mirada, dos caricias, tres gestos, cuatro palabras.

Game Over.

Ya no hay nada que hacerle,
el corazón ha perdido la razón
y ha bloqueado mis pensamientos,
-le cuenta el cerebro al resto del cuerpo-.

Déjame en paz maldito seso!
Quiero lo sempiterno con esa serendipia.

Cuatro miradas, tres sonrisas, dos besos, una despedida.


Sales del aquel local, confundido y anestesiado.
Tu sonrisa marca el camino, que el resto lo decida el destino.





A pesar de las palabras que nunca digo,
aquí tiembla un corazón que me delata.
Anna Bahena

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