lunes, 19 de diciembre de 2016

Rock, corazón y letras

Da gusto saber que tu pequeño rincón, el cual debería darle más actividad, va creciendo poquito a poco y cada vez se suman más amigos que quieren darle rienda suelta a su corazón.
Hoy os traigo a una de esas personas que nada más conocerlas, las tienes que querer, ya no por su forma de ser, sino porque ve la vida desde el mismo lado del prisma que tú.
Con todos ustedes, Frantxu Martínez Zapata.


Fue Marc Twain quien dijo que realmente morimos a los 27 pero nos entierran a los 80 años.

Hace tiempo que no tenía la necesidad y la oportunidad de ponerme delante de un folio en blanco. Coger mi bolígrafo y evadirme de todo lo que tengo alrededor. En mis auriculares suena Rock Clásico, demasiadas baladas quizás, pero con la tarde que tuvimos ayer en la Ciudad Condal, fría, gris, y lluviosa lo que más apetece es escuchar I Don’t Want to Miss a Thing de los Aerosmith, Stairway to Heaven de Led Zeppelin, November Rain de los Guns N' Roses, Love of my Life de los Queen o No Hago Otra Cosa que Pensar en Ti del gran Joaquín Sabina.



Se está convirtiendo en rutina que los pocos momentos que encuentro para llevar a cabo una de mis pasiones y que tengo bastante abandonada, coinciden cuando mi cabeza está trabajando más de la cuenta, es decir, cuando mis neuronas están que echan humo y ayer era uno de esos días.

Quizás sea que la clase que estaba impartiendo el Doctor Especialista de turno, dicho sea de paso, uno de los mejores profesores que mejor explican su asignatura, no sea de las más motivadoras y me fue más fácil desconectar, viajar a mi mundo, eso que a veces tanto deseamos y que cuando llega el tren con destino a tu lugar especial simplemente no puedes emprender ese viaje aunque la mayoría de veces regresas peor de lo que te has ido. Pero en este viaje no puedes llevar equipaje, ni acompañante, literalmente vas con lo puesto.

Mis amigos sabéis que hace poco empecé un nuevo proyecto, largo, de dos años, para intentar lograr uno de mis mayores sueños, te prometes trabajar duro a diario, llevar todo al día, de momento lo consigues, conoces a gente nueva, la mayoría de ella extraordinaria. Y llegado a este punto quiero hacer una reflexión, que es la siguiente:
“Las Grandes Amistades se forjan en un instante, con una sonrisa, con cualquier tontería. Con el amor pasa algo parecido, no se debe buscar aunque nos empeñemos en hacerlo, incluso juras y perjuras de no vas a recaer en esta droga.” 



Pero de repente hay un cruce de miradas, bueno más que un cruce es una lucha de miradas de no más de 15 segundos que para ti han sido el mejor momento del día.
Quieres no pensar que has vuelto a caer, que no te puede estar pasando otra vez. No quiero, y si ahora vuelvo a la primera persona del singular, otra vez estas subidas y bajadas de ánimo y como diría una muy buena amiga mía, parece que me ha mirado un tuerto en esto del amor. Soy feliz con mis nuevos proyectos, estoy ilusionado, me lo debo a mi mismo y a muchas personas que desgraciadamente ya no están conmigo, pero que soy incapaz de olvidar, personas que me han hecho crecer como persona, no confundamos con crecer como ser humano, pero a veces yo no soy verdaderamente yo.

¿Qué quiero decir con esto? Que el chico alegre, bromista, simpático, algo imbécil, en el sentido positivo de la palabra, que siempre se preocupa por los demás, si ese soy yo y si parece que no tengo abuela, se encierra en su coraza casi irrompible de la que muy pocas personas tienen la llave para abrir una ventana, no digo puerta, digo ventana.



Si soy el tío más loco, el que más cosas propone, el primero en lanzarse a la piscina, en este aspecto soy el más novato que un niño de primero de la ESO al que le han dado su primer beso. No lo voy a negar me cuesta dios y ayuda dar el primer paso y ese quizás es mi mayor error, porque acepto un rol conformista y cobarde, muy cobarde.


 “Sabes mejor que  yo que hasta los huesos, sólo calan los besos que no has dado.”
Joaquín Sabina

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