lunes, 30 de enero de 2017

Sentir en la distancia





Se encontraron en el frío invierno, cerca del abismo.

Él llegaba tras salir de un oscuro agujero, pasado de tinieblas y penumbras.
Pero soñaba con ella, incluso antes de saber que podría salir de la habitación de su propio pánico.

Ella lo imaginaba en sus versos, versos que no tenían dueño. Llegaba rota, cansada de los mismos juegos, harta de rasgarse las vestiduras en otros cuerpos.

Pero él se atrevió, hizo caso a su impulso, lanzándose, sin saber dónde caería. Escribió profundo, tal y como él siente, tal y como él no sabía que sentiría.

Ella ponía tabiques a sus sentimientos, lo avisaba del posible impacto contra el muro, lo avisaba del dolor futuro, pero él cegado y convencido, no solo hizo caso omiso, sino que aceleró y puso su corazón a 200 Km/h en una vía señalizada con peligro de aproximarse a una zona con desprendimientos y posibles piedras en el camino.

Pero hay piedras con las que es maravilloso tropezarse, una y otra vez.




El chico de apariencia seria y chulesca, guardaba dentro de sí el reverso de la moneda. Mostraba siempre su coraza para no salir dañado, pero ante ella, desnudó todo su ser. Descubrió sus sueños, sus miedos y sus terrores nocturnos. Salió a la guerra, sin chaleco antibalas, dejando la coraza en casa.

Apostaba todo por ella. Sin dudarlo, desde el primer momento. All in.

Él derribaba esos muros a base de ve(r)sos, y ella se dejaba querer. No se lo podían creer. No podía ser real eso. ¿Cómo vas a poder sentir por alguien a quien ni siquiera le has rozado la piel? 
Pero sí, se siente. Lo sienten. Y jamás lo han dejado de sentir desde aquel frío mes de Enero.

"Si soy capaz de hacerte sentir así, a cientos de kilómetros de ti, imagina lo que será sentirme a escasos centímetros de tu cuerpo."

Y la distancia no era obstáculo para hacerle sentir ese escalofrío que atraviesa tu cuerpo sin saber porqué.
Él en una punta, mirando al norte. Ella en la otra, en dirección opuesta.
Ella de carácter complicado, siempre buscándole las cinco patas al gato, y él queriéndose complicar la vida.

Él le canta a ella. A ella le encanta él.




Y él la quiere. Vaya que si la quiere. Piensa en ella, y hasta sueña. Y la siente cuando esto sucede. Siente su pelo entre sus dedos, el roce de su piel, el dulce sabor de sus labios, el calor de su mirada. Y él reinventa la pasión en su cuerpo a base de mordiscos y besos.

Ella lo avisa que, puede ser, que sus sentimientos tengan fecha de caducidad. Que no cree en los para siempre.

Pero a él le da igual. Está convencido de ser ese alguien que destruya todos los peros, las dudas y los vaivenes. Y aún así se pregunta si podrá ser él.

No sabe lo que sucederá  en las próximas  horas, días, semanas o en los siguientes meses.

Pero en este preciso instante se quieren.

Y eso es lo que de verdad importa.

Vivir el "ahora".


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