miércoles, 6 de julio de 2016

Distancia

La distancia... 

La jodida DISTANCIA...

¿Quién no ha sufrido la puta distancia?


No sólo hablo de amor, ese sentimiento tan espléndido que nos rodea en una aura de sonrisas y saca lo mejor de nosotros.
Hablo de esas amistades que tienes lejos, que no pueden estar contigo en ese momento en el que quieres un abrazo suyo.
Hablo de vivir fuera de tu país porque así nos empujan los mamones que dirigen el cotarro porque prefieren gastar dinero en sus dietas y viajes en primera clase, que invertir en Educación o Sanidad.
Hablo de no poder ver a tus padres y hermanos más allá de una ventana en el móvil o en el ordenador.


Personas esenciales en la distancia equivocada.

Pero, ¿y qué es la distancia? La distancia no hace más que estrechar lazos, porque la distancia es poco si esa persona (o esas personas) para ti lo es (o lo son) todo. Aunque pienses que lo peor de la distancia es si te extrañan o si se olvidan de ti.


Pero sí, la distancia es una jodida mierda, escribiendo mal y pronto. Ese sentimiento que te paraliza en el momento de la despedida, dependiendo del futuro reencuentro, ya sean unos días, unas semanas, varios meses o incluso años. En ocasiones, no sabemos cuando volveremos a despedirnos.

Las despedidas nunca suceden como tu cabeza las imagina. Siempre te queda algo por decir, algo que hacer, pero es tan doloroso ese momento que te quedas petrificado.
Y da igual el lugar. Un parking, una estación de tren o metro, o en el aeropuerto.
Andenes separados por la felicidad y la tristeza, llegadas a la terminal que emocionan al más frío, partidas que rompen al más duro.

Subirse a ese maldito tren, a ese maldito avión, a ese maldito coche... Que no puedes hacer otra cosa más que mirar por la ventana, como te vas alejando de tus seres queridos y tus lágrimas empañan el paisaje.
Y después llegan los mensajes, las llamadas, las visitas al Skype... parece que nada te complace cuando hace apenas unos instantes, estaban hace un momento contigo, a tu lado.

He vivido la distancia en cualquier grado. La distancia familiar, la distancia de la amistad, la distancia amorosa, e incluso la distancia personal, ya que hay momentos en los que te ves en el espejo y queda muy lejano aquella persona que te miraba en tu reflejo y te hacía sonreír.

La distancia es una putada. Pero siempre tenemos la sartén por el mango para hacer esa distancia más llevadera, menos dolorosa.
Y suerte tienen aquellos que la distancia no son ni 50 kilómetros, porque los hay que sufren día a día la distancia a millares.
Y es raro, pero cuanta más distancia hay más nos involucramos, tal vez nos esforcemos más por saber que esa persona (o esas personas) están todavía más lejos y que la situación es complicada para verse dentro de unos días o unas semanas.




Olvidemos ese mal de la distancia y pensemos en el REENCUENTRO.
Momento más bonito, más tierno y más sincero hay en cada reencuentro. Mientras más larga es la espera, más dulces son los besos y abrazos.
Me emociono solo de pensar en los reencuentros.
Tu familia esperando al otro lado de la terminal del aeropuerto,
Ese/a amigo/a que llega al andén de la estación.
La persona que te hace feliz e irradias felicidad a la salida de un parking.

Esos abrazos que destrozan el mal que te causa la distancia, esos besos tan dulces y sinceros que olvidas las lágrimas de tu última despedida, esos "como te he echado de menos" que hacen a uno sentirse la persona más valorada sobre la faz de la tierra.






No recuerdo si he llorado más en las despedidas o en los reencuentros, pero es una lágrima diferente. Una es amarga, llena de rabia, llena de dolor... La otra es dulce, repleta de felicidad y ganas.

Pero sigo creyendo que la distancia no la ponen una ciudad y otra, un andén y su tren, un aeropuerto y su avión, sino nosotros mismos. Porque es tan fácil y sencillo hacer feliz a esa persona con una simple llamada para que sienta tu voz ahí cerca o un simple mensaje con un "te extraño".
Y todos hemos cometido ese error por no querer molestar, pensar que es la otra persona que tiene que ser la primera en llamar o mandar un mensaje.
En las relaciones, ya sea de amistad, familiar o de amor, el egoísmo y la desconfianza no tienen cabida. Y en la distancia, lamentablemente, éstos se hacen más fuertes. Por eso hay que luchar y darlo todo, absolutamente TODO.

Y venero y admiro, a esa gente que lo da absolutamente todo, ya sea por su familia, sus amistades o por la persona que camina a su lado. Aunque lleven la ostia y regresen hechos pedazos, siguen intentándolo, siguen dándolo todo, porque no creen en otra forma de querer, en otra forma de estar ahí, sino lo es con todo su ser.
Y personalmente, yo soy incapaz de dar una de cal y otra de arena, siempre lo daré todo, haga lo haga, aunque no siempre he sido fiel a mi pensamiento.
Pero soy así, no soy capaz de dar el 50% de mi. Lo doy todo, y cada día me quiero superar, aunque las cosas no salgan como uno quiera. Al final obtendré mi recompensa.



Para todos aquellos que sufren la distancia os receto confianza, sinceridad y sobretodo, muchísima comunicación. Creedme, 5 minutos al teléfono borran de un plumazo tu lánguido rostro que has llevado puesto cual careta durante 23 horas y 55 minutos.






"Más vale intentar algo que te emociona, que arrepentirse de por vida de no haberlo intentado"

2 comentarios:

  1. La distancia es un hijoputismo de la vida. La clave es cuando necesitamos el abrazo que has mencionado arriba, un abrazo que nos recomponga los males. Aún así la distancia no será obstáculo para quien quiere cercanía.

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    1. Qué grande eres... Tú eres una de esas personas con la distancia equivocada... Ojalá pudiera tenerte aquí y compartir momentos de Estrellas... Quedan pendientes, ya sea aquí o allá. Quérote!

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